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domingo, 20 de mayo de 2012

Filosofía. Descartes


Un filósofo racionalista es aquel confía en el uso de la razón y no recurre a intuiciones místicas

1.    A los filósofos racionalistas del siglo XVII les interesa, ante todo, analizar el problema del origen del conocimiento. En este contexto, filósofos como Descartes aceptaran, en el sujeto, la existencia de ideas innatas a priori. Pensaban que ciertas verdades eran naturalmente innatas al ser humano, en el sentido de que la experiencia no proporciona más que la ocasión para que la mente, por su propia luz, perciba la verdad.

2.    Existe, sin embargo, una diferencia importante que separa a los racionalistas modernos de los filósofos de épocas anteriores. El ideal del racionalismo moderno es lograr un sistema deductivo de verdades, análogo a un sistema de rigurosidad matemática, que sea capaz de aumentar nuestra información. En este sentido, el racionalismo moderno, grandemente influido por el modelo de deducción de la matemática, intentará que la filosofía alcance también una objetividad y certeza parecidas a las que se encuentran presentes en las ciencias de la matemática y de la geometría.

1.- EL OBJETIVO DE DESCARTES

El logro de la verdad filosófica mediante el uso de la razón: Descartes intentaba desarrollar un sistema de proposiciones verdaderas en el que no se diese por supuesto nada que no fuera evidente. Todo el edificio debía reposar sobre un fundamento seguro, de forma que el sistema fuera impermeable a los ataques corrosivos del escepticismo.

Su concepción de la filosofía: <<Filosofía significa el estudio de la sabiduría, y por sabiduría entiendo no solamente la prudencia en la acción, sino también un conocimiento perfecto de todas las cosas que el hombre puede conocer, tanto para orientar su vida y conservar su salud como para la invención de todas las artes>>.

1) Decidió comenzar desde el principio, sin confiar en la autoridad de ningún filósofo anterior (el exceso de confianza en Aristóteles hasta ese momento había provocado muchos retrasos en filosofía y en la ciencia en general, sobre todo en astronomía y en física). Prefería confiar en su propia razón que en la autoridad.

2) Había resuelto evitar aquella confusión de lo claro y lo evidente con lo que es solamente una conjetura más o menos probable, de lo que acusaba a los escolásticos. Sólo admitiría el conocimiento cierto.

3) Pretendía alcanzar ideas claras y distintas, para trabajar sólo con aquellas y rechazar las que no tenían un sentido claro (por ejemplo, los escolásticos no decían nada claro al distinguir sustancia de extensión o cantidad de sustancia incorpórea).

Su ideal: un sistema orgánicamente conectado de verdades científicamente bien establecidas, ordenadas de tal modo que la mente pase de verdades fundamentales evidentes por sí mismas a otras verdades evidentes implicadas por las primeras. Se trataba de hacer que las verdades se ajusten a un esquema racional, del mismo modo que lo hacían las matemáticas.
2.- RAZÓN Y MÉTODO. El modelo matemático de Descartes:
Descartes insiste reiteradamente en la necesidad de rechazar el error, lo que va asociado inevitablemente a la búsqueda de la verdad. Reacio a aceptar los argumentos de los escépticos que afirman la imposibilidad de que haya algún conocimiento verdadero. Descartes se dispone a investigar con el fin de determinar algo con certeza: incluso si ese algo es que no puede haber conocimiento verdadero alguno. Frente a todas las demás enseñanzas recibidas, Descartes sólo encuentra verdad en los conocimientos matemáticos. ¿Qué es lo que hace que los matemáticos sean capaces de demostrar la validez de sus proposiciones, que consigan un conocimiento cierto, mientras que los metafísicos se pierden en vanas disquisiciones y disputas escolares? La razón se ha equivocado en numerosas ocasiones hasta el punto de que Descartes considera necesario reconstruir el edificio del saber sobre bases firmes y seguras, si es que esto es posible.

3.- EL MÉTODO CARTESIANO
¿Qué es el método? “Una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que todo aquel que las observe exactamente no tome nunca a algo por verdadero, y, sin gasto alguno de esfuerzo mental, sino por incrementar su conocimiento paso a paso, llegue a una verdadera comprensión de todas aquellas cosas que no sobrepasen su capacidad".

¿Sobre qué se construye, o a qué se aplica el método? Deberá aplicarse, lógicamente, al modo de funcionar de la razón. ¿Pero cuál es el modo de conocer de la razón? Descartes nos propone aquí la intuición y la deducción. La intuición es pues el elemento básico del conocimiento. La intuición es una especie de luz o instinto natural que tiene por objeto las naturalezas simples: por medio de ellas captamos inmediatamente conceptos simples emanados de la razón misma, sin posibilidad alguna de duda o error. Es la forma en que entendemos las verdades más simples, como dos y dos son cuatro. La deducción "consiste en una operación por la cual comprendemos todas las cosas que son consecuencia necesaria de otras conocidas por nosotros con toda certeza". Y más adelante nos dice que distinguimos la intuición de la deducción en que en ésta se concibe un movimiento o cierta sucesión y en aquélla no, ya que la deducción no necesita como la intuición una evidencia presente, sino que, en cierto modo, la pide prestada a la memoria. En definitiva, la intuición nos ofrece el conocimiento de los principios y la deducción el de las consecuencias lejanas, a las que no se puede llegar de otro modo.



Reglas del método cartesiano. Hemos visto que el método de Descartes ha de ser matemático y universal. Su definición: "Así pues, entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello que es capaz".

1. Regla de evidencia: no admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era: es decir, evitar con todo cuidado la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentara tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviese ocasión para ponerlo en duda.

Descartes no acepta como verdadero sino lo que es evidente. Pero ¿Qué es lo evidente? La evidencia se produce sólo en la intuición, es decir, en un acto puramente racional por el que nuestra mente capta o "ve" de modo inmediato y simple una idea. Si lo que es evidente es lo que es intuido, ¿qué es lo que la mente intuye? Ideas claras y distintas. Una idea es clara cuando podemos advertir todos sus elementos sin la menor duda (se opone a oscura). La idea será distinta cuando aparezca claramente diferenciada, separada y recortada de las demás, de tal manera que no podamos confundirla con ninguna otra idea (se opone a idea confusa).

2. Regla de análisis. La segunda regla del método se enuncia así: Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor.

Cualquier problema no es más que un conjunto vertebrado de ideas complejas. Analizar es descomponer lo complejo en sus elementos simples, elementos que podrán ser intuidos como ideas claras y distintas, esto es: evidentes.

3. Regla de síntesis. El tercero, en conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos, suponiendo incluso un orden entre los que se preceden naturalmente unos a otros.

Una vez que hemos llegado a los elementos simples de un problema hay que reconstruirlo en toda su complejidad, deduciendo todas las ideas y consecuencias que se derivan de aquellos principios primeros absolutamente ciertos. La síntesis es un proceso ordenado de deducción, en el que unas ideas se encadenan a otras necesariamente.

4. Regla de comprobación. Y el último, en realizar en todo unos recuentos tan completos y unas revisiones tan generales que pudiese estar seguro de no omitir nada.

Se trata de comprobar y revisar que no haya habido error alguno en todo el proceso analítico-sintético. La comprobación intenta abarcar de un sólo golpe y de manera intuitiva la globalidad del proceso que se está estudiando.

El método estaría compuesto así por dos operaciones básicas: el análisis y la síntesis. Por lo que respecta al análisis, representaría una forma de conocimiento propia para el descubrimiento y la investigación; nos permitiría separar lo accidental, afirmando la primacía de lo simple. La síntesis sería una forma de conocimiento útil para exponer, explicar, o enseñar lo que hemos conocido a través de la investigación o del descubrimiento, así como la constitución del saber como sistema.

4.- LA DUDA COMO MÉTODO. Descartes utiliza la duda sólo para buscar la verdad. Dudar de todo es sólo un procedimiento metodológico para encontrar una verdad indubitable. La duda no es para él la postura mental definitiva; ni siquiera la postura inicial: parte de la confianza de alcanzar la verdad. Por eso su duda es sólo metódica.

Desconfianza ante la información procedente de los sentidos. Los sentidos se presentan como la principal fuente de nuestros conocimientos; ahora bien, muchas veces he constatado que los sentidos me engañan, como cuando introduzco un palo en el agua y parece quebrado, o cuando una torre me parece redonda en la lejanía y al acercarme observo que era cuadrada, y situaciones semejantes. No es prudente fiarse de quien nos ha engañado en alguna ocasión, por lo que será necesario someter a duda, poner en suspenso, todos los conocimientos que derivan de los sentidos.

Imposibilidad de distinguir cuándo soñamos o cuándo estamos despiertos. Podría parecerme exagerado dudar de todo lo que percibo por los sentidos, ya que me parece evidente que estoy aquí y cosas por el estilo; pero, dice Descartes, esta seguridad en los datos sensibles también puede ser puesta en duda, dado que ni siquiera podemos distinguir con claridad la vigilia del sueño, (lo que no ocurre cuando creemos estar despiertos o cuando estamos dormidos). ¿Cuántas veces he soñado situaciones muy reales que, al despertarme, he comprendido que eran un sueño? Esta incapacidad de distinguir el sueño de la vigilia, por exagerado que me parezca, ha de conducirme no sólo a extender la duda a todo lo sensible, sino también al ámbito de mis pensamientos.

Desconfianza de la razón. Aun así, parece haber ciertos conocimientos de los que razonablemente no puedo dudar, como los conocimientos matemáticos. Sin embargo, Descartes plantea la posibilidad de que el mismo Dios que me ha creado me haya podido crear de tal manera que cuando juzgo que 2+2 = 4 me esté equivocando; de hecho permite que a veces me equivoque, por lo que podría permitir que me equivocara siempre, incluso cuando juzgo de verdades tan "evidentes" como las verdades matemáticas. En ese caso todos mis conocimientos serían dudosos y, por lo tanto, según el criterio establecido, deberían ser considerados todos falsos.

Hipótesis de un genio maligno empeñado en confundirme o equivocarme. Sin embargo, dado que la posibilidad anterior puede parecer ofensiva a los creyentes, Descartes plantea otra opción: la de que exista un genio malvado que esté interviniendo siempre en mis operaciones mentales de tal forma que haga que tome constantemente lo falso por verdadero, de modo que siempre me engañe. En este caso, dado que soy incapaz de eliminar tal posibilidad, puesto que realmente me engaño a veces, he de considerar que todos mis conocimientos son dudosos. Así, la duda ha de extenderse también a todos los conocimientos que no parecen derivar de la experiencia.




5.- REALIDAD (METAFÍSICA).

LA PRIMERA CERTEZA: PIENSO LUEGO EXISTO. Como hemos visto, la duda ha puesto entre paréntesis incluso las certezas más habituales: Descartes desconfía ahora de la existencia del mundo y de los objetos externos a él; de la existencia de su propio cuerpo; duda, incluso, de las verdades matemáticas. ¿Qué le queda entonces? ¿Dónde está esa verdad indudable sobre la cual basar el sistema de la metafísica? La duda no afecta, a pesar de su radicalidad, a una primera certeza absoluta: Yo soy. Si no existiera, no podría ser engañado. Por tanto, aunque al pensar me equivoque, es innegable que <<Pienso, luego existo>>. Lo único que no se puede poner en duda es el propio sujeto que duda, el propio sujeto que piensa en la existencia de las cosas. Esta certeza me descubre como una cosa que piensa, distinta a la realidad exterior. Puedo dudar de todo, menos de que existe un ser que duda. Del acto mismo de dudar surge una verdad indubitable: "cogito, ergo sum", es decir, pienso, luego existo. Esta verdad es tomada por Descartes como el primer principio evidente de la filosofía. Es una verdad clara y distinta de la que pueden deducirse todas las demás verdades.

Esta evidencia, "pienso, luego existo", no es el resultado de una deducción; es, por el contrario, una intuición, es decir, una evidencia inmediata, una idea clara y distinta gracias a la cual me experimento a mí mismo directamente como una cosa que piensa (como una res cogitans). Es un principio inmutable, del que no se puede dudar, absolutamente verdadero. Descartes parte de su propia interioridad, y a partir de ahí llega a la existencia: el yo como un pensamiento que existe.

LAS IDEAS. Por intuición captamos las ideas, las más fáciles de captar y sin posibilidad de error, sin necesidad de demostración, inmediatamente. Es el que nos muestra las verdades de la matemática, aritmética y geometría. Las ideas complejas, sin embargo, las conocemos por demostración, lo que supone posibilidad de dar paso si no utilizamos el método adecuado. Por tanto, tenemos ya el criterio de certeza: será verdadero todo lo que perciba con igual claridad y distinción. Esto valdrá como regla general.

Antes de seguir adelante con la deducción veamos qué elementos tenemos para llevarla acabo. Contamos con dos: el pensamiento como actividad y las ideas que piensa. En "yo pienso que el mundo existe" aparecen tres factores: el yo que piensa, el hecho de pensar y las ideas de mundo y existencia.  De aquí Descartes concluye que el pensamiento siempre piensa ideas. Para la filosofía anterior, el pensamiento no recae sobre las ideas, sino directamente sobre las cosas. Si yo pienso que el mundo existe, estoy pensando en el mundo y no en mi idea de mundo. Para Descartes el pensamiento no recae directamente sobre las cosas sino sobre las ideas.

CLASES DE IDEAS. Hay, pues, que partir de las ideas. Hay que analizarlas para ver si alguna de  ellas nos sirve para salir del pensamiento y saltar a la realidad extramental. Al realizar este análisis, distingue tres tipos de ideas:

Ideas adventicias: proceden de la experiencia externa, por ejemplo, la idea de "mariposa".

Ideas facticias: son las construidas a partir de otras ideas adventicias con la intervención de la imaginación, como la idea de "un caballo con alas" o de un "marciano".

Ideas innatas: no proceden de la experiencia externa, ni son elaboradas por la imaginación. Las ideas innatas son las que el entendimiento posee por naturaleza. Son aquellas ideas que encuentro en mí mismo. Una de estas ideas innatas es la idea de Dios.

SUSTANCIA INFINITA Y SUSTANCIAS FINITAS. Descartes emplea como sinónimos las palabras sustancia y "cosa" (res), lo cual ya es una indicación importante: la sustancia es el concreto existente. Lo propio de la sustancia es la existencia, pero no cualquier forma de existencia, sino la existencia independiente: no necesita de, nada más que de ella misma para existir. Define la sustancia de la siguiente manera: "una cosa que existe de tal manera que no tiene necesidad sino de sí misma para existir". De esta definición se seguirá que sólo Dios es sustancia, puesto que las criaturas necesitan de Dios para existir (Dios da la existencia, y luego la conserva, a todas las criaturas). Por eso dirá que el concepto de sustancia no se aplica igual a Dios que a las criaturas, y por tanto hay dos clases de sustancias: La sustancia infinita: Dios, no necesita de otra cosa para existir y, las sustancias finitas: no necesitan de otra cosa para existir, excepto Dios. Son en sí, pero no por sí y son contingentes. Las sustancias finitas son dos: Pensamiento (res cogitans), y extensión (res extensa). Por otro lado, Descartes dice que a cada sustancia le corresponde un atributo. Cada tipo de sustancia posee un sólo atributo: el alma es pensamiento, y los cuerpos son extensión.

a)  La sustancia infinita:

1º Descartes demuestra la existencia de Dios a partir de la idea de perfección. El que yo dude supone que soy imperfecto y ser consciente de mi imperfección implica que en mí existe la idea de perfección. Pero, ¿qué tipo de idea es la idea de perfección?

2º Veamos, pues, qué tipo de idea es la idea de perfección: no puede ser adventicia, ya que nada exterior a mi es perfecto; tampoco puede ser una idea facticia, puesto que no poseo elementos para crearla; debe ser, entonces, una idea innata puesta en mi interior por un ser que posee la cualidad de la perfección.

3º Queda demostrada, así, la existencia del sujeto que la piensa y la existencia de Dios. A continuación, Descartes considera que Dios, perfecto y sumamente bueno, no puede engañarnos con respecto a la existencia del mundo exterior o a la certeza de los conocimientos matemáticos. Recupera de esta forma todo lo que había puesto en duda sobre la base de un Dios que se erige en el garante de la veracidad del conocimiento. ¿Por qué nos equivocamos, entonces? Nuestros errores se deben a la "precipitación" con la que llevamos a cabo nuestros razonamientos y nuestras deducciones.




b)  Las sustancias finitas (pensante y extensa):

Hay dos tipos de sustancias finitas: la "res cogitans", el alma, y la "res extensa", el cuerpo. La res cogitans es una cosa que duda, imagina, siente. Nuestro conocimiento está constituido por un yo que piensa ideas. Así pues, el atributo del alma es el pensamiento. Así, de la misma forma que no se puede imaginar un sujeto que no piense, no se puede concebir un cuerpo sin longitud, anchura y profundidad, que son las características de la extensión. La concepción del hombre será en consecuencia dualista. Si el alma y el cuerpo son sustancias, no se necesitan mutuamente para existir. Tampoco se ve cómo puro pensamiento y pura extensión podrían estar unidos y en interrelación. En consecuencia el hombre no es sino el alma.

Alcanzada la primera verdad, absoluta, cierta: "la existencia del yo como sujeto pensante", esta existencia indubitable del yo, no parece implicar la existencia de ninguna otra realidad. Aunque yo lo piense, tal vez el mundo no existe en realidad, pero lo único cierto es que yo pienso que el mundo existe. A Descartes no le queda más remedio que deducir la existencia de la realidad a partir del pensamiento. De la primera verdad "yo pienso" que han de extraerse todos nuestros conocimientos incluso el conocimiento de que existen realidades extramentales (fuera de mi mente). La existencia del mundo es demostrada a partir de la existencia de Dios. Puesto que Dios existe y es infinitamente bueno y veraz, no puede permitir que me engañe al creer que el mundo existe, luego el mundo existe. Dios aparece así como garantía de que a mis ideas les corresponde un mundo, una realidad extramental.






miércoles, 9 de mayo de 2012

Filosofía. Descartes


DISCURSO DEL MÉTODO I - Redacción: el problema del conocimiento y el método

En esta redacción se nos plantea el problema de la relación entre el conocimiento  y el método, entre el problema de si podemos conocer y la unidad del método en este problema. ¿Podemos conocer con certeza? ¿Es posible el conocimiento? Y si es posible ¿Podemos llegar directamente a él o precisamos de alguna ayuda, un método? ¿En qué consistirá ese método por el cual podremos llegar a un conocimiento cierto y seguro? A lo largo de la historia del pensamiento ha habido diversas respuestas a estos interrogantes. Evidentemente Descartes opta por la posibilidad de un conocimiento cierto y por la utilidad del método como instrumento seguro para adquirir este conocimiento. Pero esta opción plantea nuevos interrogantes: ¿Qué o quién nos asegura que realmente lo que consideramos conocimiento con certeza es tan cierto como pensamos? A lo largo de esta redacción trataremos de exponer la postura de Descartes en relación a estas cuestiones. El núcleo de nuestra exposición será la teoría cartesiana del método, así como su dualismo antropológico, su demostración de la existencia de Dios y su teoría de las ideas.
Como ya se ha comentado en las cuestiones, Descartes es el primer pensador que muestra en el lenguaje la toma de conciencia de la individualidad que se había producido en el Renacimiento. Esta conciencia individual toma especial relevancia cuando se pregunta si es posible un conocimiento cierto, algo que contestará desde el yo. Yo (el individuo) soy el que piensa. Con este descubrimiento el tema principal de la filosofía será el conocimiento. Con él la filosofía dejó de ser fundamentalmente ontología para pasar a ser teoría del conocimiento. Sin duda, con el tema central de su filosofía, marcará un nuevo rumbo a la reflexión filosófica posterior: ya no serán el ser ni la realidad los objetos primordiales de la filosofía, sino el conocimiento que del ser y de la realidad podemos llegar a tener los hombres. Es decir, el problema del conocimiento se antepone al problema de la realidad. Este giro es un hecho definitorio del pensamiento moderno, y con él se inaugura una nueva etapa de la filosofía, con la que se plantearán nuevos problemas, nuevas respuestas y una nueva actitud para encarar nuestra orientación en el mundo.
Para entender este salto en la historia del pensamiento es preciso conocer el contexto sociocultural de su época. Del conjunto de rasgos que caracterizan el siglo en el que se desarrolló la vida y la obra de Descartes (triunfo de las monarquías nacionales, aparición del capitalismo comercial y surgimiento de la clase burguesa, reforma protestante y contrarreforma católica, exploración geográfica del planeta, etc.) nos interesa destacar dos acontecimientos de singular trascendencia cultural y que tienen gran relieve en la obra cartesiana. Por una parte, el antropocentrismo humanista. En un marco de profunda crisis y renovación se demanda un modelo de hombre y sociedad diferente del anterior, del medieval. Por otra, la revolución científica. Copérnico, Kepler y Galileo acaban con la imagen aristotélica de un universo cerrado tanto en el campo de la astronomía como en el de la física. La sustitución del geocentrismo por la hipótesis heliocéntrica (Copérnico), al mismo tiempo que se descubre el sistema solar con las leyes de Kepler, por un lado, y la interpretación matemática de los fenómenos físicos (Galileo) por otro, impulsa definitivamente una nueva concepción de la ciencia, cuya expresión más acabada será la físico-matemática que culminará el siglo próximo con la obra de Newton.
Vemos, pues, que el salto en la concepción de cómo hacer filosofía, iniciada en Descartes, no es casual. Ante una época de profunda crisis y cambios sociales, ante la nueva situación abierta por la nueva física, ante la inestabilidad política y religiosa, resulta lógico suponer que la duda asalte al hombre que viva en este contexto. Todo aquello que se había tenido por seguro ya no lo es. Los fundamentos de las creencias que habían regido la vida de los hombres ya no parecen estar tan fundamentados. Las nuevas respuestas ya no buscan tanto los fundamentos últimos de la realidad como el explicar cómo funciona ésta. La respuesta parece clara, o mejor, resulta claro el interrogante: ¿Puedo conocer con certeza alguna cosa? ¿Hay algún conocimiento que me pueda servir de guía para mi vida?
Aquí es donde entra en juego la importancia del método. Según Descartes si partimos de la evidencia (no admitir como verdadero sino lo evidente),  seguimos con el análisis (dividir las cuestiones en las partes necesarias), pasamos a la deducción (conducir ordenadamente los pensamientos, desde lo simple a lo complejo) y acabamos con la enumeración (repasar las cadenas de razones para estar seguro de no haber dado un paso en falso), llegaremos al conocimiento de principios con total claridad  y evidencia. Con estos principios hallaremos verdad en las ciencias ya que podremos deducir, a partir de ellos, otras verdades sin dar pasos injustificados en nuestros razonamientos. Descartes expone un método riguroso para una aplicación adecuada de nuestra razón, así como las reglas del mismo. A la hora de aplicarlo parte de la primera evidencia que encuentra en su pensamiento: la duda. Esta duda metódica y no escéptica (falacia de los sentidos, imposibilidad de distinguir vigilia y sueño, hipótesis del genio maligno) nos lleva al hallazgo de una primera verdad indudable: pienso, luego existo. Esta primera verdad es fruto de la intuición, que es la forma privilegiada de conocimiento para Descartes, pues por intuición entiende el conocimiento inmediato de ideas por la razón, y en tal forma de conocimiento no puede haber error alguno. Analizando esta primera verdad, Descartes extrae dos importantes conclusiones: a) que su verdadero ser es una res cogitans (sustancia pensante) que puede pensarse separado de su cuerpo (res extensa), lo que lo sitúa entre los pensadores dualistas; y b) que toda idea que sea conocida con igual claridad y distinción será, por tanto, igualmente verdadera.
Ahora bien, entre ambas deducciones de su primera verdad, Descartes va a empezar a definir un nuevo problema: la posibilidad de extender el conocimiento más allá de la propia realidad del pensamiento ya afirmada. Hasta aquí, lo único que ha conseguido Descartes es saber que, en tanto que piensa, existe; y que los objetos de su pensamiento, las ideas, son verdaderas consideradas en sí mismas, pero dudosas si las relacionamos con objetos de una también dudosa, por el momento, realidad externa al propio pensamiento, acerca de los cuales todavía sigue dudando de que existan y de que, en el caso de existir, sean como él los conoce. Se está planteando, por lo tanto, uno de los momentos más decisivos y delicados de la metafísica cartesiana: salir del radical subjetivismo (solipsismo) en que parece encerrarnos la primera y única verdad encontrada en este comienzo de la reflexión metafísica y según el cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo.
La solución a este problema la encontramos en la demostración de la existencia de Dios. Mientras subsista la posibilidad de plantear la hipótesis del “genio maligno”, por muy leve y teórica que sea esta duda, “no voy a poder estar nunca cierto de cosa alguna”. Pero aclaremos, no podré estar cierto de nada distinto de mí, pues no sólo el cogito se impone incluso ante todo intento de engaño, sino que no tendría sentido el resto de la meditación cartesiana. De modo que se hace preciso “suprimir del todo” tal duda, y para ello Descartes exige: 1º) Demostrar que existe Dios, pues la garantía que busca tiene que ser tan poderosa como la duda que se pretende eliminar. 2º) Demostrar que ese Dios es veraz, que no puede ser engañador; pues en caso contrario la anterior demostración de la existencia de Dios se volvería contra la deseada posibilidad de extender mi conocimiento.
En el cumplimiento de este programa se servirá del análisis de las ideas. Tras establecer los tipos de las mismas (innatas, adventicias y facticias), llegará a la conclusión de que las únicas indudables son las innatas, y, buscando entre ellas, encontrará la idea de un ser sumamente perfecto, al que identificará con Dios y cuya existencia demostrará sirviéndose tanto del argumento ontológico (San Anselmo) propio de la tradición medieval, pero que Descartes actualiza dando su propia versión, como con una prueba en la estela de la escolática, la aplicación del principio de causalidad (Santo Tomás), pero con la originalidad de referir tal principio a la realidad objetiva de la idea de Dios.
Demostrada la existencia de Dios y, con ella, su absoluta perfección, encuentra en él la garantía completa del criterio de certeza en su función como criterio de verdad, pues, siendo Dios perfecto y, consecuentemente, veraz en grado sumo, no puede consentir que conozcamos con claridad y distinción nada que sea falso, nada que no se corresponda con la realidad en sí misma. Como vemos Descartes considera que la demostración de la veracidad de Dios implica una refutación del genio maligno. Por lo tanto, ya se puede levantar la duda sobre la posibilidad de equivocarse la razón (hipótesis del genio maligno) y sobre la distinción entre el sueño y la vigilia, pero no totalmente sobre el conocimiento sensible, que sigue siendo sospechoso en la medida que su contenido no es claro y distinto. Ésta es la razón por la que Descartes distingue en la res extensa cualidades primarias y secundarias, y encuadra en las primeras todos aquellos aspectos de los cuerpos que son mensurables, matematizables, mientras que las segundas (las cualidades propiamente sensibles) son puramente subjetivas y carentes de valor cognoscitivo. Pero Descartes considera que, de este modo, ha encontrado el fundamento metafísico que dote de realidad al mundo de la física mecanicista y de la geometría analítica cartesiana.
Así pues, todo lo que se presente a nuestra razón cumpliendo el criterio de certeza deberá ser tenido por verdadero, quedando para nuestra precaución ser cuidadosos con la intervención de la memoria en los procesos deductivos -pues puede ser fuente de error en los mismos, al olvidar elementos o añadir otros que no estaban en el razonamiento inicial- y con la voluntad, que puede confundir a la razón presentándole objetos que desea como verdaderos sin serlo en realidad.
Por último, y como conclusión, apuntar la importancia y significado histórico que ha tenido la problemática entre el conocimiento y el método en Descartes. El racionalismo posterior tiene en él un referente básico, y por mucho que se aparten de Descartes, es desde el Discurso del método desde donde hay que entender a Spinoza e incluso a Leibniz. Más tarde, Kant y el idealismo alemán seguirán en la estela abierta por el cogito. Y ya avanzado el siglo XX, Husserl, fundador de uno de los movimientos filosóficos más vigorosos de nuestro tiempo (la fenomenología), tomará de él el título de una de sus obras fundamentales, las Meditaciones cartesianas. Son sólo unos ejemplos significativos que nos hablan de la trascendencia histórica de Descartes. 

Filosofía. Descartes.


EL DISCURSO DEL MÉTODO

PRIMERA PARTE (Consideraciones acerca de la ciencia)
Texto 1. Universalidad de la razón humana frente a la diversidad de opiniones.

Descartes comienza esta primera parte del Discurso del Método hablándonos del buen sentido o razón como una facultad innata en el hombre que le permite distinguir la verdad del error, le permite juzgar bien. Además, esta facultad es “…la cosa mejor repartida del mundo” ya que se encuentra en igual medida en todos los hombres y todos están satisfechos con el que poseen. Es por esto que la diversidad de nuestras opiniones no es debida a que unos hombres sean más razonables que otros, sino a que conducimos nuestros pensamientos por caminos diversos al no aplicar bien el buen sentido, al hacer un mal uso de nuestra capacidad racional. Pues no basta con tener un buen espíritu (ingenio), sino que lo principal es utilizarlo bien. Por eso Descartes diferencia entre la “razón”, como facultad innata que es igual en todos los hombres y el “uso de la razón” que es un hábito adquirido, una práctica adquirida que puede ser perfeccionada por el ejercicio (por medio del método). De ahí que nos explique que las almas más grandes si usan mal la razón son capaces de los mayores vicios y si la utilizan bien de las más grandes virtudes. Lo importante es dirigir bien el buen sentido o razón, ir siempre por el camino correcto.
Continúa planteando la cuestión del igualitarismo de la razón entre los seres humanos, pero nos introduce en la distinción entre el término espíritu (ingenio) y la razón o buen sentido. Ingenio, en este caso, es la traducción que a veces se hace del término francés “espírit” (espíritu) y lo podemos considerar como sinónimo de éste. Es un término más amplio que el de la razón y abarca también a la memoria, la imaginación y todas aquellas facultades que nos permiten pensar. Y si bien la razón está repartida entre todos los hombres por igual y es, justamente, lo que nos hace hombres y nos diferencia de los animales, es nuestra esencia, no sucede lo mismo con esas otras cualidades (pensamiento, imaginación, memoria) que son las que permiten que unos hombres posean más ingenio que otros, ya que son las que contribuyen a perfeccionar el ingenio. Descartes alude, para explicar todo esto, a la distinción de la filosofía escolástica (“la opinión común de los filósofos”) entre los accidentes y las formas o naturalezas. Se entiende por “accidente” un predicado no esencial, un predicado que atribuye al sujeto una propiedad contingente, no necesaria. Y por “forma” aquello que constituye la esencia de los seres. En el hombre la razón forma parte de su esencia, pero ser negro o blanco, moreno o rubio, alto o bajo, son accidentes. Por eso, el tener mayor ingenio (el haber perfeccionado más o menos la imaginación, la memoria, el pensamiento) no es lo que nos hace seres humanos, esto es algo por accidente, es algo adquirido. Lo que nos hace hombres es poseer la razón, pues es nuestra esencia y por eso todos la poseemos en igual medida. De hecho, Descartes al comienzo de este párrafo afirma que él no presume de poseer un ingenio más perfecto que el de los demás hombres.




Texto 2.- Ventajas de la aplicación del método descubierto
Ahora introducirá la idea del método. Afirma haber tenido la suerte de haber encontrado en su juventud consideraciones y máximas que le han proporcionado un método, que le sirve para aumentar gradualmente su saber y elevarlo lo máximo posible. Además ha conseguido resultados científicos con ese método, ha podido avanzar en la búsqueda de la verdad y llegado a albergar esperanzas futuras de seguir haciéndolo. Aunque, afirma, suele ser una persona más bien cauta en sus juicios y desconfiada en cuanto a las acciones humanas. De hecho, está muy satisfecho con esta ocupación que ha escogido, la filosofía.
Aunque quizás puede que se equivoque, y tome por valioso (oro y diamantes) lo que no lo es (y sea solo cobre y vidrio de alquimistas). Por tanto, precaución, porque es fácil equivocarse y tampoco hay que confiar mucho en los juicios de los amigos que le apoyan. Pero ha escrito este Discurso para dar cuenta de los caminos que ha seguido y mostrarlos como en un cuadro, y como el pintor Apeles ver qué recepción recibe este escrito y así aprender de las opiniones y críticas de los otros.
Por tanto, no pretende decirles a otros dogmáticamente cómo conducir su razón, sino solo mostrar la manera en que él lo ha hecho.No quiere parecer reprobable, dando preceptos a los demás y pareciendo más hábil que ellos. Por eso, prefiere presentar este escrito como una fábula, en la que se encontrarán ejemplos que seguir, y otros quizás no. La cuestión es ser franco, no ser perjudicial para nadie, sino más bien útil.
 Texto  3.- Consideraciones sobre su formación y los métodos de enseñanza.
Descartes cuenta como desde pequeño estuvo convencido de encontrar en las Humanidades la forma de adquirir un conocimiento claro, seguro y util para la vida. Pero cuando acabó sus estudios, cambió de opinión, 1614. Porque en lugar de instruirse, tenía la sensación de ser más ignorante, estar aún más llenos de dudas y errores. Aunque estudió en uno de los colegios más prestigiosos de Francia, La Fleche. No sólo estudió lo que allí se impartía, sino leyó todos los libros que cayeran en sus manos, hasta los que hablaban de saberes esotéricos, ciencias ocultas. A su alrededor, todo el mundo lo valoraba no menos que al resto de compañeros, compañeros que luego serían futuros maestros. Por otro lado, la época era floreciente en talentos e ingenios. Por lo que no tuvo reparos en juzgar por sí mismo a los demás y también a las doctrinas que le impartieron y que le habían defraudado, porque no coincidían con sus expectativas.
Descartes sin embargo reconoce los aspectos positivos y valiosos de los estudios académicos que realizó. Reconoce:
·         el valor del latín y griego que sirvieron para leer libros antiguos.
·         la Historia y sus acciones memorables despiertan y elevan el ingenio, y forman el juicio sobre los hombres.
·         la lectura de libros del pasado es con conversar con sus autores que muestran todos sus pensamientos.
·         la retórica por su belleza y fuerza.
·         la poesía, por su dulzura.
·         las matemáticas, tienes muchas aplicaciones prácticas.
·         La moral que estudia las costumbres es útil para aprender cómo llevar una vida virtuosa.
·         la teología que sirve para ganar el cielo.
·         la filosofía permite hablar de muchas cosas con bastante idea y sirve para hacerse admirar por los menos sabios.
·         el derecho, la medicina dan honores y riquezas.
·         ciencias ocultas, tambíen sirven porque así se aprender a no ser engañado y conocer su auténtico valor.
Pero Descartes considera que ya ha dedicado bastante tiempo a todos esos estudios, lenguas e historias antiguas. Por eso decidió aprender de otra manera,  viajando para conversar ahora con la gente del presente. Y para saber también algo de otras costumbres, y así juzgar mejor las propias (con más distancia y objetividad) o no juzgar como irracionales las costumbres de otros. (Descartes está aquí quizás recordando los ensayos de Montaigne, y cierta defensa del relativismo de costumbres) Pero también hay que dejar de viajar para no convertirse en extraño en el propio país.
Pero con respecto a los aspectos negativos de las enseñanzas recibidas, ahora Descartes menciona que interesarse demasiado por el pasado, supone ignorar las cosas del presente. Las fábulas históricascuentan cosas que no son ciertas, y hasta las historias más fieles, aunque no manipulan la información, acaban ocultando las circunstancias menos ilustres y llamativas. Por lo que al final esas historias no son completas y quienes se inspiran o toman como referencia esos modelos acaban haciendo cosas extravagantes, como personajes de novelas que conciben metas imposibles de alcanzar con sus fuerzas.
Respecto a la poesía y la retórica piensa que son resultado más de las dotes naturales que del estudio. Pero sin retórica ni buena prosa, si se razona bien y se ordenan los pensamientos para hacerlos claros e inteligibles se pueden llegan a persuadir a los demás muy bien. Y pueden haber buenos poetas sin haber estudiado ninguna arte poética.
Las matemáticas sí le gustaban por su certeza y evidencia, aunque creía entonces que sólo servían para aplicaciones prácticas y mecánicas. Le sorprendía que siendo sus fundamentos tan sólidos no se hubiese desarrollado más esa ciencia. (Descartes construirá luego su Método inspirándose en la certeza y rigor de las matemáticas puras). En relación con la moral, piensa que los filósofos antiguos (antes del cristianismo) tienen doctrinas magníficas, pero mal fundamentadas, y las virtudes  que recomiendan parecen admirables pero no enseñan a conocerlas, y a menudo solo son otro nombre para fallos morales como la conformidad, aprendizajes a morir, o orgullo.
Respeto a la teología hay que valorarla, pero sus verdades estaban más allá de la inteligencia humana, y no pretendía examinarlas a partir de sus limitadas capacidades. En realidad, para ocuparse de ella había que ser alguien especial, casi santo.
En la filosofía constata que hay multitud de disputas, y todo parece dudoso, y hay diversidad de opiniones doctas sobre una misma materia. Puesto que nada es más que verosímil, Descartes lo toma por falso. (Esto recuerda ya a la primera regla del método)
En cuanto a la Medicina y el Derecho, puesto que toman sus principios de la filosofía, no podían llegar muy lejos. Y además el honor y la riqueza no es bastante estímulo para él, ya que no necesita el dinero que podría darle ejercer ese oficios, y la gloria, aunque no la desprecia como los cínicos, no la valora si tiene que obtenerla con títulos falsos. Y en cuanto a las ciencias ocultas, ha aprendido a no dejarse engañar por ellas.

Texto 4.- Formación extra-académica. Estudio del “gran libro del mundo” (viajes) y de sí mismo.
Por todo lo dicho, al finalizar ese estudios, abandonó las humanidades, y decidió viajar (metáfora gran libro del mundo) para reunir experiencias y sacar provecho de ellas. (Recordar que a partir de 1618 se enrola como voluntario en distintos ejercitos recorriendo Europa). Pero sobre todo, buscando la ciencia en sí mismo. Piensa quehay mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace por si mismo (en los que uno puede comprobar si se ha equivocado) que en las especulaciones artificiales que realiza un hombre de letras en su despacho, que no tienen más efecto que aumentar quizás su vanidad, quizás por las complicaciones que tiene que inventar para darles apariencia de verdad.  En todo caso, le preocupa a Descartes siempre aprender a distinguir lo verdadero de lo falso para ver claro en sus acciones y caminar más seguro por la vida.
Considera Descartes que al viajar y observar otras costumbres tampoco obtuvo certeza alguna, pues la variedad de costumbres es tan amplia como las de opiniones de filósofos. Al observar que hasta las costumbres más ridículas y extravagantes podían ser admitidas por otros hombres, aprendió a relativizar todas las costumbres, hasta las propias, y así liberarse de errores y volverse más capaz de escuchar la razón. Luego que hubo dedicado esos años en aprender en los viajes, decidió estudiar en sí mismo y plantearse los caminos que había de seguir (se refiere a su retiro a Holanda en los que se dedicó ya a escribir), es decir elegir el método que tenía que guiar su razón para llegar a conocimientos seguros y ciertos. Y no le fue mal, al menos mejor que si nunca se hubiese alejado de su país y sus libros. 

PARTE 2
TEXTO 5. Principio Metodológico.
            Empieza aludiendo al famoso sueño profético (tres seguidos) que tuvo en el invierno de 1619, cuando era voluntario en el ejercito católico que apoyaba al coronado emperador Fernando II, en los inicios de la guerra de los 30 años. Cuando analizó su sueño, un tiempo después, interpretó que aludía a su proyecto intelectual: una ciencia universal, a través de un método, empezando desde nuevos fundamentos, inspirándose en las matemáticas. Ahora recuerda que una de las cosas que entonces comprendió es que son más perfectas las obras hechas por uno solo que las que son resultado de la unión de varias partes realizadas por distintos maestros.
(Esta idea expresa el principio metodológico que inspira el proyecto cartesiano: la idea de la unidad de la ciencia: todas las ciencias son ramas de una única Ciencia unificada a partir de un único método inspirado en las matemáticas. Al contrario que la Escolástica que admite diversidad de ciencias, cada una con un objeto y método distintos. Ahora es la misma razón la que se aplica a los distintos ámbitos de conocimiento, y por tanto el conocimiento ha de converger, ha de unificarse en un único sistema. Sólo una ciencia universal y un método universal.)



TEXTO 6. Algunos ejemplos
 Para complementar y explicar lo dicho en la sección anterior, Descartes,  se sirve de algunos ejemplos. En arquitectura, los edificios hechos por un solo arquitecto son más bellos y están mejor construidos que aquellos en los que intervienen varios. Lo mismo respecto al urbanismo entero de las ciudades: las ciudades antiguas, en las que en su crecimiento han intervenido muchos, son más desordenadas que las ciudades nuevas diseñadas por un solo ingeniero, y que, aunque sus edificios concretos puedan no ser tan bellos como los antiguos, tienen un trazado mucho más racional. Y aunque se disponga de gente dedicada a cuidar los edificios antiguos, siempre es difícil hacerlo bien cuando se trabaja sobre lo hecho por otros.
Lo mismo sucede en el ámbito de las leyes. Si las leyes se han ido improvisando conforme los pueblos han ido creciendo y civilizándose, al azar de las disputas, la organización social será mucho más imperfecta que si uno solo y prudente legislador fundara la ciudad en un acto constitucional original.  El ejemplo sería Licurgo en Esparta. En el terreno religioso, mejor las religiones monoteístas (un solo Dios dicta los mandamientos) que las politeístas.Ç

TEXTO 7. Aplicación del método a las ciencias.
 Este principio metodológico puede aplicarse a las ciencias de los manuales (escolásticos), que recogen distintos razonamientos probables de varios autores, sin demostraciones finales. Más veraz y certero serían, por el contrario, los razonamientos que un solo hombre razonable haga naturalmente de las cosas que investigue. Igualmente, critica el principio de autoridad de los educadores, que gobiernan con distintos preceptos a los niños. Si al nacer, los niños ya hubiesen dispuesto de libre uso de la razón no hubieran ido acumulando tantos juicios y opiniones poco puros y sólidos.
  TEXTO 8.  Limites del principio metodológico.
 (Se trata ahora, prudentemente, de dejar claro que su crítica a las ciencias y la necesidad de reformas tiene unos límites. Sobre todo aclarar que no tiene intención de proponer reformas del Estado o religiosas. Sólo una reforma de las creencias en el ámbito teórico, ni siquiera reformar el entero sistema de las ciencias de la enseñanza escolástica.)
Si no sería lógico derribar todos los edificios de una ciudad para volverla a construir más hermosa, sí que lo es, en cambio, que un edificio particular su dueño lo derribe para reconstruirlo sobre cimientos más firmes. Por tanto, un individuo solo tampoco ha de reformar totalmente un Estado ni todo el sistema de enseñanzas vigente. Más bien, dice que quiere hacer como el particular que reconstruye su vivienda, es decir examinar metodológicamente y reformar el conjunto de las creencias que ha recibido para cambiarlas o hacerlas más racionales. Mejor eso que intentar seguir construyendo su saber sobre cimientos que no está convencido que sean verdaderos. Estas reformas intelectual individuales aunque algo arriesgadas (se puede caer en el escepticismo total) no son tan peligrosas como las reformas que afecten a los asuntos públicos. Las instituciones publicas (leyes o organismos)  son difícil de reparar si empiezan a quebrarse y la caída  final es muy violenta. Y habría que advertir además, que a pesar de las imperfecciones y defectos, debido a su contradictoria diversidad interna, el uso y el tiempo han suavizado, corregido y hecho soportables todas esas leyes o costumbres públicas. Cambiar radicalmente algunas de ellas sería muy peligroso. Y pone el ejemplo de los caminos tradicionales de montaña, que, aunque quizás largos y serpenteantes, son más seguros y cómodos por ser tan frecuentados, que atajos en línea recta llenos de dificultades.
Descartes (conservador a nivel social) condena a los temperamentos utópicos o revolucionarios que persiguen reformarlo todo. Afirma que no es su caso, que lo único que pretende es reformar sus propios pensamientos y opiniones y fundamentarlos en su propia razón (basándose en un solar totalmente suyo). Insiste que no pretende que nadie lo imite. Y aunque algunos más talentosos tendrán metas más elevadas, quizás su proyecto sí sea demasiado peligroso para muchos otros. Liberarse de las opiniones recibidas no es una tarea fácil. No es tarea recomendable para dos tipos de personas: por un lado, para quienes se creen más hábiles de lo que son, se precipitan en sus juicios, comienzan a dudar de los principios recibidos, e incapaces de perseverar, acaban extraviándose; por otro, para aquellos más modestos reconociendo sus limitaciones para distinguir lo verdadero de lo falso, que habrán de contentarse con seguir las opiniones de las más instruidos en lugar de buscar por si mismo otras mejores.

Descartes reconoce que hubiera sido de este último tipo de hombres, debido a lo mediocre de su espíritu, si hubiese tenido un solo maestro, o si no hubiese pronto visto la variedad de opiniones que existen entre los más doctos, capaces de defender cualquier idea por extraña o increíble. O si no hubiese viajado ampliado conocimientos, y sobre todo formas de pensar bien distintas. Viajando se convenció de que, a pesar de esas diferencias de costumbres o de pensamientos, esos pueblos utilizan la razón igual o más que su pueblo. Un caníbal educado desde niño entre franceses o alemanes se adaptaría y sería bien distinto de si hubiese permanecido en su pueblo. Simplemente determinadas creencias se aceptan más por la fuerza de la costumbre y la tradición que por su certeza.  Las modas, por ejemplo, cambian, y lo que nos gustaba quizás ahora resulta extravagante, aunque podría volver a gustarnos. La fuerza de las costumbres sociales. Pero respecto a las verdades difíciles de descubrir, el hecho de que muchas personas  las acepten no es una prueba de su certeza. De hecho es posible que un hombre solo las encuentre que no un pueblo entero. Y puesto que no ha encontrado ninguna autoridad cuyas opiniones le parezcan preferibles, se ve en la obligación de emprender por si mismo la tarea de descubrir la verdad.

TEXTO 9. Apostar por buscar un Método para erradicar la duda y llegar a la verdad
 No es nada fácil caminar solo y  partir de sí mismo. Hay que ir lentamente y con mucho cuidado para no caer y perderse. Por eso afirma estar decidido a no rechazar por completo ninguna de las opiniones recibidas hasta haber reflexionado bien su proyecto y encontrado el método capaz de someter cualquier creencia al tribunal de la razón.
Repasa los conocimientos que ha adquirido y que podrían ayudarle a su propósito de encontrar un verdadero método. En primer lugar, la lógica.  (Se refiere a la lógica de silogismos de Aristóteles que se usaba en la Escolástica; pero los silogismos son argumentos deductivos que no añaden información nueva, la conclusión está ya contenida en la verdad de las premisas, por lo que no le sirve a Descartes, que buscan un método para descubrir unas verdades iniciales, unos principios primeros para deducir todas las demás verdades.) La lógica tiene funciones más explicativas y expositivas que para aprender nuevas certezas. Como en el Ars Magna de Raimon Llull. Y además la lógica aunque tiene mezclados preceptos buenos, también hay otros nocivos, difíciles de separar de los primeros.
Luego, se fija en al análisis de los geometras (el análisis de los antiguos como Arquímedes) y el álgebra de los modernos (Clavius o Viete), que considera que en general se ocupa de materias muy abstractas sin aplicaciones prácticas. El primero, fatiga demasiado la imaginación sin ejercitar bien el entendimiento por manejarse solo con figuras, y el segundo, el álgebra, las notaciones, las reglas y símbolos son confusos. Por todo ello decide aceptar solo un método que se defina por su sencillez, que reuna las ventajas de los tres, pero sin sus defectos. Es importante que hayan poco preceptos, cuatro, pero que se observen bien, que no muchos preceptos que no se observen bien ninguno. Lo mismo que ocurre en un Estado, que muchas leyes dan excusas para incumplirlas, y pocas permite gobernar mejor.
Reglas del Método
·         Regla evidencia
 Tiene dos partes:
En la primera parte expone la evidencia como criterio de verdad: no admitir cosa alguna por verdadera como no supiese con evidencia que lo es. En este sentido, la evidencia es una intuición intelectual inmediata que se resiste a aceptar por verdadero cualquier realidad que implique duda. Se opone, por tanto, a todo lo que sea meramente probable o verosímil.  En la segunda parte se establecen las condiciones que debe tener la evidencia. La primera consiste en evitar la precipitación (es decir, evitar dar por evidente algo de lo que todavía no estemos seguro que lo es) y la prevención (es decir, no debemos negarnos a aceptar algo que veamos que es evidente).
 La segunda condición consiste en no comprender nada más que aquello que sea claro y distinto. Claridad (una idea que se presenta tan inmediata al entendimiento que sea imposible dudar de ella) y distinción (una idea que es imposible confundir con otras) son, pues, condiciones necesarias de la evidencia, y son pues el criterio de verdad. Una idea puede ser clara y no ser distinta. A partir de esta regla arrancará toda la investigación cartesiana del conocimiento, y el método que aplicará a ella será el Método de la Duda.
·         Regla del análisis
 Descartes expone ahora la denominada regla del análisis o resolución. Descomponer lo complejo en sus elementos más simples e indivisibles. Esta regla implica dos cosas:
—Dividir las dificultades, en dónde puede ir mezclado lo verdadero y lo falso, en sus elementos más simples a los cuales debe llegarse por intuición. Esas dificultades representan a las ideas complejas que hay que descomponer o dividir.
—El proceso de análisis o división va desde las nociones complejas a las simples. Las unidades simples son ideas claras y distintas, naturalezas simples, por ejemplo: extensión, figura, naturaleza corpórea. Son innatas también en el sentido, que surgen en la mente a propósito de determinadas experiencias, y no se derivan de la experiencia sensorial.
·         Regla de Síntesis
           Este tercer precepto es un complemento de la regla anterior (análisis), pues a partir de esas naturalezas simples, se debe recomponer y ordenar el pensamiento hasta llegar a los pensamientos compuestos o complejos. La síntesis es un proceso ordenado de deducción que encadena unas ideas a otras. Podría decirse que es una intuición sucesiva. No es tan segura como la intuición porque los razonamientos deductivos dependen en algún grado de la memoria. Sintetizar es pues pasar de un modo lógico y deductivo desde lo simple a lo complejo. Y toda idea deducida debe estar justificada por el criterio de evidencia.
·         Regla de enumeración
           El último precepto, regla de la enumeración, es una contraprueba y justificación tanto de la 2ª como de la 3ª regla. Comprueba la regla del análisis pues nos obliga a hacer enumeraciones completas hasta llegar a lo simple. Revisa la regla de la síntesis pues esas enumeraciones tan completas nos llevarán a cerciorarnos de que no hemos omitido nada asegurando que el orden deductivo sea total. Se trata pues de un repaso o revisión para asegurarse de no cometer errores.
Aplicaciones y conjeturas del método
Aplicación del método al cálculo algebraico y la geometría
           Explica en este párrafo cómo para fijar su método se ha inspirado en las matemáticas, concretamente en el análisis geométrico y en el álgebra, en la forma como los matemáticos realizan sus demostraciones. La geometría usa de razonamientos encadenados y simples, y asi evita admitir como verdadero nada que no sea evidente, y se sigue el orden adecuado, se llega a conectar todas las verdades. Se parte de cosas más simples (ideas simples), como lineas y cifras, y a través de razonamientos deductivos se llegan a demostrar lo más complejo, con perfecta evidencia. Así empezará Descartes a practicar esas mismas demostraciones matemáticas sin más utilidad que el entrenamiento mental para acostumbrarse a las evidencias y no aceptar las falsas razones. No se trataba de aprender todas las disciplinas matemáticas, porque finalmente tienen en común siempre ocuparse de relaciones o proporciones, medidas. Eso es lo que le interesa, no un tipo de matemáticas concreto, sino un proceder ordenado de proporciones y medidas comparables. Descartes está relatando cómo, con ese método, llegó a descubrir los fundamentos de la geometría analítica (que consiste en referir las lineas geométricas a ecuaciones), que reúne el análisis geométrico y el álgebra.



Se muestra contento de que ese método le ha permitido desembrollar algunas cuestiones de la geometría y el álgebra, y aún más hallar los medios y modos de resolver las cuestiones que aún ignoraba. En general, no resulta presuntuoso constatar que, como solo hay una verdad respecto a cada cosa, quien la encuentra sabe todo lo que tiene que saber sobre tal cosa. Un niño con nociones matemáticas al realizar correctamente la suma más simple puede estar seguro de que nadie podría superar tal resultado, porque es el único posible. El método no es más que seguir el verdadero orden de las cosas y recontar todas las circunstancias de lo que se investiga, y eso da certeza a las reglas aritméticas, y a cualquier saber que se quiera desarrollar.
 Aplicación del Método a la Filosofía y demás ciencias.
La aplicación del método en la geometría y el álgebra permite irse acostumbrando a concebir de modo claro y distinto sus objetos. Y como son reglas que pueden aplicarse a materias diversas, pensó a aplicarlo, lo mismo que había hecho con el álgebra, a las dificultades de otras ciencias también. Pero no tenía sentido de comenzar cualquiera que fuera, porque eso era ignorar el orden debido. Tendría que empezar por la Filosofía, de la que las ciencias tomaban sus principios. (Se vuelve a aludir a la unidad del conocimiento, al árbol del conocimiento). Había que aplicar el método e intentar establecer algún principio seguro y cierto en este saber, actuando con cuidado, sin precipitación ni prevención. (Es lo que hará más adelante, y que consiste en la parte IV del DM). Pero en este momento de su autobiografía, Descartes, con 23 años, todavía no se considera suficientemente maduro para emprender tal tarea, y piensa que primero tiene que prepararse mejor, deshaciéndose de las malas opiniones, acumulando experiencias, y ejercitándose y dominar mejor el método que ha establecido.
VOCABULARIO
ESCOLASTICOS.  La filosofía escolástica, de origen medieval e inspirada sobre todo en la filosofía de Aristóteles y Tomás de Aquino, era la enseñanza oficial en la época de Descartes. Éste fue educado en el colegio de La Fleche. Numerosos puntos de la filosofía de los escolásticos serán criticados con dureza por parte de Descartes.
ACCIDENTES. El accidente es un predicado no esencial, ya que atribuye al sujeto una propiedad contingente, no necesaria. En el hombre, la razón forma parte de su esencia, pero ser rubio o moreno, alto o bajo, son accidentes.
FORMAS. La forma es un principio activo que constituye la esencia de los seres. La materia es el soporte de esa forma. La forma constituye tambien el principio de especificación y la materia el de individuación. Por ejemplo, en el hombre la materia es el cuerpo y la forma es la razón, es decir, la capacidad de pensar.
EL MÉTODO. Descartes, en su obra Regulae ad directionem ingenii, IV define el método como un conjunto de reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales, quien las observe con exactitud, no  tomará nunca lo falso por verdadero y llegará, sin realizar un esfuerzo inutil de la mente, sino aumentando siempre la ciencia de modo gradual, al verdadero conocimiento de todo aquello de que sea capaz.Este método, tomado de la geometría, al principio sólo lo hizo extensible a las matemáticas. A partir de sus sueños, en la noche del 10 de noviembre de 1619, se convierte en  un método universal aplicable al saber en general.